[Pokémon Mindfucks] El proceso de domesticación
[Pokémon Mindfucks] El proceso de domesticación

Estoy atrapado. Atrapado y solo en este frío lugar oscuro. Mi vida ha terminado, esclavitud es todo lo que el destino aguarda para mí. Escribir me es imposible, sólo puedo llegar a desear que mi voz, quizá, en algún otro universo o realidad, quizá sea escuchada y mi historia recordada.

Hice todo lo que pude, luché contra ellos, sucumbí. Su poder era monstruoso comparado con mis pobres habilidades. Di todo de mí, sin poder evitar ser derrotado y confinado a esta prisión. Las cadenas sostienen fuerte en el fondo de mi alma, abriéndome el camino al dolor que la cautividad me prepara. Me escondí bien de ellos, todos lo hicimos. Perdimos. Es como si nuestro destino fuese ser capturados por estos tiranos y obligados a luchar contra nuestra gente, como perros sin voluntad. Era difícil para mí: vivir con angustía; tarde o temprano, terminaría lastimando a los míos, si es que aún les puedo llamar de esa manera.

Todo el proceso es un tema extraño, no me preguntes cómo sucede, ellos mismos no lo saben, pero cada vez que alguno de nosotros es capturado, sin importar qué tan furiozamente se ha luchado, son lentamente convertidos, entrenados para seguir las órdenes de esos Monstruos por el tiempo que dure su encierro. Es doloroso ver a un buen amigo convertirse en un esclavo de lo que, por tanto tiempo, luchó en contra, y después de un tan corto período de captura, abandonarse a sus órdenes, incluso acompañándoles, protegiéndoles. Es como un lavado de cerebro, pero infalible. Mierda, me ocurrirá muy pronto, no importa lo mucho que me niegue.

De lo poco que recuerdo; la última imagen acuñada a mi memoria, la de mi madre: sus lágrimas resbalando por sus mejillas, en un rostro consternado y opaco, asomándose timidamente desde la cueva donde vivimos. No lo provoques, me dijo, pero ya era muy tarde, después de hacer contacto visual, poco se puede hacer por evitar la batalla. Ellos eran los Monstruos que nos quitaron a mi hermano, no me importaron las consecuencias, no me importó la posibilidad de lastimar a muchos otros como yo, estaba decidido a acabar, de una vez por todas, con esta plaga. Qué tonto soy, si tan sólo hubiese escuchado a mi madre, sé con seguridad que el mismo destino caerá pronto sobre ella, inevitablemente terminará en manos de estas horribles creaturas.

Y aún así…

Quizá las cosas no sean tan malas como parecen. Quizá, después de todo, es un hecho comprobado que bajo el entrenamiento de estos seres, nos volvemos más fuertes de lo que alguna vez imaginamos ser en nuestro habitad natural. Quizá, de verdad, se preocupan por nosotros, sí, nos alimentan, nos dan cobijo, nos curan las heridas de guerra. Sí, las heridas y cicatrices vienen de pelear con los que alguna vez llamamos amigos, pero quizá, sólo quizá, hacerlo en el nombre de nuestro Entrenador, quizá en ese caso es correcto…

Quizá las cosas no son tan malas como parecen. No, en realidad no lo son. Ahora miro las cosas de manera distinta. Cuando mi Entrenador lo decida, estaré ahí para luchar, daré lo mejor de mí.

Sé que lo haré. Porque, con todo, el propósito de un Pokémon es ayudar a su Entrenador a convertirse en un Maestro, ¿cierto?

 

 

Illustration by z-e-a-l-o-u-s

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